Tanned Tin: la mejor música, en lugares pequeños

El Tanned Tin es uno de esos festivales menudos con grandes descubrimientos. De los que demuestran empíricamente que lo pequeño es hermoso, y que no hay nada como disfrutar de la buena música en un teatro hecho a medida. El público puede contemplar cada nota en el aire y mezclar sus vibraciones con las de los músicos. Y así, la intensidad gana enteros. Aunque ya cumple trece ediciones, el Tanned Tin ha logrado conservar ese carisma de reunión secreta de melómanos que hace que cada año la gente peregrine a Castellón. Allí pisan el escenario los próximos hypes de las revistas especializadas y selectos veteranos caros de ver en otros lares. Estas razones bastarían de por sí para comprar un billete a la costa, pero te vamos a dar otras otras siete, con nombres y apellidos, para que del 2 al 5 de febrero te dejes caer por allí. Ahí van.

1. Laetitia Sadier

Los indies suspiran por ella solo con oír su nombre. La cantante de Stereolab tiene una de esa voces que lo sobrevuelan todo. Con inteligencia matemática, acaricia a ritmo constante y disecciona las emociones en dosis como "One Million Year Trip", o “Un Soir, un Chien”, versión de Les Rita Mitsouko.

2. Nat Baldwin
El bajista de Dirty Projectors hace música de vanguardia delicada y bonita. Cuando canta recuerda a Zach Condon, de Beirut, pero con el pulso libre de las cuerdas de Arthur Russell. Armado con su contrabajo sería capaz de convertir a todos los religiosos de la guitarra eléctrica.

3. Kites
Dicen que Chris Forgues es la columna vertebral de la nueva escena experimental estadounidense. Mediante todo tipo de cables, transistores, pedales y aparatos modificados genera melodías que aunan el folk con el noise en una especie de sueño extraño. Al parecer, verlo en directo es toda una experiencia.

4. Toby Goodshank.
Ex Moldy Peaches, héroe anti-folk y dibujante de cómics, Toby Goodshank hace canciones, y muchas, de las que te dejan enganchado. Combina sus letras surrealistas y cultas con melodías que recuerdan, en lo melancólico, a Elliott Smith. Y eso solo puede ser bueno.

5. Phoebe Kreutz.
De día hace música para Disney, y de noche toca sus propias canciones en antros de todo el mundo. Phoebe se columpia entre el folk y el pop, y escribe letras con humor para listos dignas de reseña en el New Yorker. Sobre los problemas de Anna Karenina, Thomas Jefferson o incluso sobre su trasero. Un buen letrista es un buen letrista. 

6. The Orchids.
Si hay un sello genuinamente DIY en Reino Unido ese es Sarah Records. Y quizá The Orchids son sus representantes más veteranos. Los cinco de Glasgow son artesanos de esas melodías pop, llenas de amores y desamores, en las que las guitarras se han acostumbrado a saltar charcos.

7. Norman Palm
Lo suyo es el cruce de caminos. De Alemania a México, del diseño a la música. Norman Palm se graduó en la escuela de arte, sacó un libro con sus dibujos, compuso un disco, mezcló música y arte, y ahora Bill Callahan adora sus canciones. Cielos despejados, melodías luminosas y ritmos bien dibujados.

Además, puedes consultar el resto de la programación, que es mucha y brillante, aquí.

María Lavilla

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