Viernes, 18 de noviembre. Fin de semana sin interés por delante y recibo en mi casa una entrada para el concierto para Manel. Le acompaña una nota de una amiga que me ha abierto los ojos con estos catalanes. El lunes anterior al concierto en Pamplona ni siquiera había escuchado una de sus canciones. Ni los conocía, para qué mentir. Hay temporadas en las que una se aleja del mundo y no tiene por qué saberlo todo. Sí, me estoy justificando. Volvemos a la historia: mi amiga quería ir al concierto y no tenía con quién, así que me puse a trabajar de inmediato para acompañarla: web, historia, discografía y, por supuesto, último disco para, al menos, poder saber por dónde soplará el aire en el concierto. Escucho las canciones y le llamo de inmediato: voy contigo, sí o sí, le digo. ¿De verdad?, contesta. Es que me encantan, así que quiero que me acompañes tú a mí, y no al revés, respondo. No miento.
La primera canción con la que me topé fue Flor Groga, y me dejó hipnotizada. Esa fusión de melancolía – verdad – esperanza es la que me atrajo de cada pista de 10 milles per veure una bona armadura. Leí en una entrevista que concedieron que, a la hora de componer, la realidad siempre se acaba estilizando. De acuerdo, pero la embellecen con tanto estilo que incluso lo más crudo suena menos malo. Y la puesta en escena es igual de buena, o mejor; porque ellos le dan personalidad a su nombre. ¿Por qué?
1 - Para empezar, la sala Movie de Pamplona no es la mejor para dar conciertos y Manel sonaba a ellos, no había que agudizar el oído y echarle imaginación para adivinar el tema. “Pero quiero pensar que todo va bien y que no echas de menos esos tiempos, que incluso al recordar no sabes por qué pero te alegras y vas viendo sitios por el mundo que te están gustando tanto y agradeces que entre los dos me hicierais crecer escondido.” Benvolgut.
Buena forma de empezar.
2 – Animaron al público con su sinceridad. “Sabemos bailar así de bien”, dicen irónicos. Y como saben que su mayor baza es explotar su timidez, bailaron sin gracia, a posta, uno tras otro, en fila, con una “coreografía” más propia del Ejército, pero puesta en cuatro personajes que sacan chispa a cualquier situación. ¡Y quedan como nadie! Elegancia pura y dura. “Y los momentos de mirar atrás te harán gracia y te harán daño. Y quizá no seré tu amigo, ni tendré nada que ver con si eres o no eres feliz (…) Y quizá dormiré abrazadito a una mujer a la que casi no habré contado quien eres. Quizá tendremos nietos malnacidos que se rían de mí cuando no me entere de las cosas”, Criticarem les noves modes de pentinats
3 – Los pies en el suelo. Comentarios varios a su tierra, haciendo entender que ellos, por muy conocidos que puedan llegar a ser, querrán vivir en su casa, con su gente, con sus costumbres. Y si llega un día en el que dejan de ser escuchados, seguirán en su sitio, que es donde se sienten ellos mismos. “Volverás a sentir sal en las venas y al despertarte en algún puerto, quién sabe, quizá te preguntarás a quién pertenece el nombre que decora tu brazo”, Deixa – la, Toni, deixa - la
4 – Estilo propio. Guillem da más que música. Pone voz por todos ellos. Con un guion, más o menos a seguir, se van inventando historietas de unos y otros miembros del grupo. Y es que Arnau, en realidad, acaba de cumplir 9 años, tiene miedo por las noches y sólo se duerme si le cantan… y antes de seguir, empiezan los primeros acordes de La canço del soldadet. A partir de ahí sólo se oyen los aplausos de los que les miramos ensimismados. Porque, hoy en día, se agradece ir a un concierto en el que los artistas valoren al público y demuestren que les gusta su trabajo, que se esmeran para que, así, uno recomiende a sus amigos de Granada, Bristol o San Sebastián a que vayan a conciertos de Manel porque, además de escuchar buena música, van a conocer a cuatro grandes tipos que, tras dos horas de canciones, baile, sonrisas y aplausos, muchos aplausos, dejan el ánimo en un estado de reconciliación con el mundo.
Ana Pérez
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