Uno de los mayores enigmas de la distribución española es el ostracismo de las películas americanas deportivas basadas en hechos reales. En los últimos años un puñado de cintas sobre baloncesto, futbol americano, beisbol o hasta patinaje (Whit Ip, la brillante ópera prima de Drew Barrymoore, sigue en el limbo) se han estrenado directamente en formato doméstico. No llega casi ninguna. Ciertamente ninguna de ellas suele ser especialmente memorable - con excepciones notables como Friday Night Lights, que tampoco se estrenó en salas y después daría lugar a una más que interesante serie de televisión-, pero de estrenarse seguramente subirían la media de ese cine comercial yanqui atiborrado de tíos en mallas dando ostias y bobas comedias románticas. Moneyball, sin ser de las mejores, es una excepción: una película que se vende sólo por el status rompe taquillas de su actor protagonista (Brad Pitt), pero que en realidad tampoco difiere mucho del convencional patrón de este tipo de films, caracterizados siempre por mostrar la caída y ascensión milagrosa, casi épica, de un club deportivo. En este caso, la película explica la historia real del manager de los Oakland Athletics (Pitt), un tipo que con sus ideas medio revolucionó el mundo del baseball gracias a la ayuda de un cerebrito de los números (Jonah Hill). Lo que explica el film es cómo ambos montaron un equipo competitivo economizando recursos y contando con un presupuesto irrisorio comparado con los grandes del campeonato.
La película, tan correcta como anodina, no podía contar con un envoltorio con más nombres de alto copete. Tras las cámaras está Benett Miller (Capote), el productor es el todopoderoso Scott Rudin y el guión está escrito a cuatro manos por Steven Zailian (Los hombres que no amaban las mujeres, versión Fincher) y el gran Aaron Sorkin (La red social). Puede que la historia real no diera para más, pero en poco se nota tanto talento involucrado (hasta Philip Seymour Hoffman, quien interpreta al entrenador del equipo, está desaprovechado). Miller demuestra otra vez (Capote, por mucho prestigio que tenga, era un rollo) que es un soso de la puesta en escena y el guion no tiene ni un sólo atajo creativo , algo que difiera del esquema habitual de este tipos de cintas. Los méritos de Moneyball descansan sobretodo en las interpretaciones de Brad Pitt y un excelente Jonah Hill, quienes funcionan juntos y por separado, pero a los partidos les falta verdadera emoción y a las escenas de despacho unos diálogos más afilados. En una escena aparece el director Spike Jonze (Adaptation, Donde viven los monstruos), quien hace un cameo interpretando al marido de una fugaz Robin Wright Penn (la ex de Pitt en la película). Quizás no hubiera estado mal que el material hubiera caído en sus manos.
Estreno: Febrero 2012
Jordi Balfagón
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